domingo, 20 de octubre de 2013

Lines.

El carraspeo de las vías del tren vuelve a ser rutina, son esos 300 km que te tocan por la espalda para que no los olvides. Es extraña la sensación de agobio, es solo una cifra. Una maldita cifra, inexacta a demás. En realidad son 300 km y un taxi y un par de calles y las escaleras y el ascensor. Pero a veces lo que importa es lo que hay detrás de esos tres números... Vuelve a quedar lejos encontrarme todas esas pinturas remachada en la pared, reflejo de tus huellas dactilares. Es tu vómito interno diciéndole al mundo que estas ahí, copias anónimas que en realidad te desnudan. Cada pigmento es una tarde rodeado de latas de cerveza o de ilegalidad, cuentan las historias de los años que pasaste en las calles buscándote. La construcción de una mente cuya complejidad permanecía arrecerada tras unas camisas de cuadros y esas manos manchadas de acrílico. Las líneas paralelas -por muy cerca que estén- nunca se rozan ni sabrán la una el tacto de la otra, es cuando se cruzan cuando todo cambia. Cuando la individualidad de su naturaleza de línea se destruye y define el caos rompiendo las reglas. El dos convirtiéndose en uno. Confluir para buscar la singularidad, el punto, la mínima expresión, la dimensión más reducida. Buscamos nuestro propio big bang en el orgasmo.

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