martes, 18 de enero de 2011

Absinthe



Una noche oscura (¿Cómo iva a ser sino?), así, suavemente levitando bajo la luz tenue de las velas. Tu ropa reposa en una silla de madera caoba en la quietud nocturna. Aún desde la inmensa bañera puedes escuchar la vibración de las varillas de tu reloj de bolsillo corriendo sin cesar, persiguiendo un tiempo inquebrantable. El aroma a laudano embriaga las cuatro paredes, desde el suelo agrietado hasta las muescas del techo. Humo, alcohol intravenoso que alimenta tu alma sumida en la podredumbre y un cuerpo que se te queda pequeño. Uno, dos, tres, sueñas, bebes, fumas, recuerdas y olvidas, cuatro, cinco, seis, te sumerges en el agua tibia y dejas que se empapen tus párpados. Lamentarás no haber osado decirle nada aquella noche.

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